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¿Euskal Herria e Éire son los herederos de la Atlántida?

Viaje a Euskal Herria. Verano de 2010

El regreso al País Vasco

 
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El regreso al País Vasco

Un par de horas en Iparralde

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Caserio de Iparralde

Habiendo abandonado Zugarramurdi, hemos salido a la parte francesa del País Vasco, a una pequeña ciudad fronteriza, Ainhoa. Aunque hay una frontera que divide los dos países, simplemente no la he notado, la distinción entre la parte francesa y española del País Vasco no resultó ser muy grande, hasta que la primera mirada superficial descubre la afluencia de gente por la calle principal de Ainhoa, moviendose en una caravana interminable de coches y peatones franceses. Su arquitectura difiere, pero lo más importante es que es otra lengua, todo esto hace a su manera la ciudad diferente, poco parecida a las localidades de Gipuzkoa y Bizkaia. Es extraño oír especialmente el habla francesa, una lengua que ha separado al pueblo de la historia general y las tradiciones.

Ainhoa

A propósito, sobre la arquitectura. Los caseríos en Ainhoa se distinguen fuertemente de los que he visto antes. Las casas enormes, muy viejas, todos como uno solo, teñidos en color blanco, y las vigas macizas de madera que se han doblado con la vejez en rojo. El frontón para el juego de pelota tiene otra construcción, diferente que en Bilbao y otras ciudades de Bizkaia. Pero la impresión más inesperada ha surgido en el cementerio situado en el centro de Ainhoa, directamente entre las casas habitables. Las viviendas de los muertos y los vivos se han mezclado, las lápidas memoriales están vecinas a las entradas de las casas, y las flores adornan las tumbas y el pradejón de las mansiones confortables. Pienso, que tal vecindad, es el eco de la tradición antigua vasca que ha surgido aun en época precristiana, cuando al muerto se le enterraba en la casa, donde vivía, y contaban que a lo largo de algunas generaciones la persona, que había muerto, continuaba viviendo con la familia.

En general, los colores en Ainhoa son muchos y se puede hablar bastante del antes y el ahora, pero lo dejaremos en una ciudad alegre, con tintes brillantes, que recuerda a un dibujo de una tarjeta de felicitación. La estancia resultó allí corta, y el regreso a Irún ha quedado en mi memoria como una larga caravana de automóviles que pedían entrar o pasar por San Juan de Luz. Este a sido nuestro conocimiento efímero por el Euskadi francés que ya se ha acabado, y hemos vuelto al hotel que tanto nos ha gustado en Irún.

Toda la noche se ha oído la lluvia, que ha hecho callar incluso al ave nocturna que vive detrás de la ventana,…



De vuelta a Gipuzkoa

Astigarraga, el pueblo de las manzanas


Astigarraga, gipuzkoa

El corto viaje al País Vasco acaba, todavía queda el día como camino, y a la noche en Portugalete, el regreso al modo de vida habitual y mesurado. Pero todo por orden. La mañana comienza con la visita a Astigarraga, la ciudad que convierte las manzanas en una producción de buena sidra. Esta arriba, en un montículo inundada por el sol, la entrada al Museo de la sidra que nos espera. Estas horas son tempranas para los visitantes, y ha resultado que allí estamos pocos, solamente una pareja joven que ha llegado allá un poco antes que nosotros, pero esto no ha sido impedimento para la realización de la excursión. Al principio visitaríamos el jardín de los manzanos, y luego el museo. Nos cuentan sobre la tecnología de como se produce la sidra durante mucho tiempo y detalladamente, acompañando el relato con videos que muestran todas las etapas de su producción. Además, no solo es la única información, hay datos interesantísimos como que gracias a la producción de la sidra ha surgido el txalaparta. El txalaparta es un instrumento vasco público de comunicación con una resonancia asombrosa. Solamente unas tablas alineadas, que son golpean con los extremos de unos palos, pero con un sonido que resulta además de limpio y claro, muy original. Es posible oír sobre el ya muchas composiciones musicales, y este instrumento ya hace mucho que se hace una tarjeta de visita del País Vasco. Como resultado y explicación, en el prototipo del txalaparta se usaban unos palos algo especiales, los que utilizaban para aplastar las manzanas. Los caseríos se encontraban lejos unos de los otros y para invitar a los vecinos a la degustación de la nueva sidra los dueños golpeaban fuertemente con estos pesados palos contra las maderas.

Manzanas de Astigarraga

La excursión se ha acabado y claro, en un lugar como el museo de la sidra, no es posible dejarlo solo en unas palabras, y del relato hemos pasado a la degustación que permite más de cerca conocer a esta bebida antigua.

Las iglesias, iglesias, iglesias…

"En el País Vasco son fuertes las tradiciones católicas", he leído muchas veces sobre esto, pero en la vida ordinaria no he notado las manifestaciones de esta religiosidad tan fuerte. Sin embargo hoy tenemos que visitar la ciudad de Loyola, la patria de Ignacio de Loyola, y ahora uno de los centros de visita del catolicismo. Antes en Zugarramurdi, ahora en Loyola, una ruta insólita que induce a las reflexiones…

San Ignacio de Loyola

Aquel mismo día sin sospechar, hemos llegado allí en las vísperas de un acontecimiento importante, la visita a España del Papa de Roma Benedicto XVI, y se hacen testigos, la juventud de muchos países del mundo que se han reunido aquí, preparándose para el encuentro del pontífice. En el jardín abarrotado y cerca del pomposo templo, una iglesia construida en un estilo barroco, se agolpan multitud de jóvenes, y con ellos multitud de banderas de los diferentes estados. La alegría reina entre los que se han reunido, y las personas comparten en su expresión la felicidad por el importante acontecimiento. Notaré, sin embargo, que ni mucho menos toda la población de España esta con el mismo entusiasmo al percibir la próxima visita papal, pero aquí en Loyola, reina la espiritualidad. Siento no poder relatar mi experiencia dentro del templo por la sencilla razón de que se nos prohibió el paso a su interior, por razones de seguridad.

Habiendo examinado las curiosidades de la ciudad, nosotros continuamos la ruta. El camino nos espera. Confieso, que la iglesia lujosa me ha dejado indiferente, y en mi corazón ha sido reproducida la imagen de otro templo, donde es realmente posible quedarse a solas consigo mismo y el Altísimo, mirar en tu propia alma. Pero sobre esto, relatare un poco más tarde…

Restaurante por caminos de Gipuzcoa

Los caminos de Euskadi… las cuestas verdes, los valles silenciosos, las cintas infinitas asfaltadas como si fueran serpientes, las montañas que te envuelven… El camino se levanta cada vez más arriba, y me causa la impresión de que por el no hay fin. 500 metros sobre el nivel del mar y parece no existir alrededor ni una alma, las personas se han quedado lejos, abajo, en los valles, aquí solamente el asfalto y los abetos que se han aproximado a las nubes. El viaje solicita una parada, es hora de pensar en un alto, y aquí, como por arte de magia, a la vuelta del camino surge un restaurante confortable, perdido entre las montañas. Todo esto recuerda un poco al cuento ruso del mantel maravilloso, que justo a tiempo ha aparecido en nuestro caminar. La comida rural preparada con los productos, criados y producidos ahí, por los vecinos situados en el valle, en los caseríos, algunas ovejas que dormitan tranquilamente detrás del cercado, las fresas que maduran en las macetas que adornan la terraza y el personal estupendo; la montaña se han cubierto con nubes estrafalarias, libertad infinita, el reino del silencio y la tranquilidad…

La Antigua de Zumarraga

La curva detrás de la curva, el camino se levanta cuesta arriba, habiendo dejado abajo, que se ha extendido como un pueblo en miniatura, la ciudad de Zumarraga. El camino conduce al templo de la iglesia de La Antigua, situado en lo alto del pueblo. La mente se evade y te lleva a una de las leyendas... "Las piedras que eran necesarias para su construcción las echaban, desde la cima de la montaña del Aizkorri, los gentiles (jentilak), los gigantes que en tiempos pasados habitaban el País Vasco..." La vieja iglesia nos ha recibido con un crepúsculo profundo, misterioso y en silencio. Parece que esta vacía, pero de repente de la penumbra ha surgido una figura extraña, de facciones redondeadas, con su cara rellena iluminada por la luz de una lámpara de mesa. Este es el párroco que ha comenzado un relato detallado sobre la historia de este edificio. Lo escucho ensimismada, mirando a todos los lados y por todas partes, examinando que sale de la oscuridad, las vigas de madera cubiertas con grabados geométricos, y las columnas. Los dibujos simples sobre las vigas descubren su antigüedad, hechizan y parecen esconder en ellos un misterio.

La Antigua de Zumarraga

Ahora nos elevamos hasta el primero piso, hemos dado una vuelta alrededor de él, en una soledad absoluta, continuamos examinando la decoración insólita del local, la parte superior del techo recuerda a el casco de madera de una embarcación. Mientras tanto, nos parece oír abajo voces y en la iglesia aparecen nuevos viajeros. Por una casual coincidencia, ellos como nosotros, son vecinos de Portugalete y daban también una pequeña vuelta por Euskadi, examinando sus curiosidades. El asombroso párroco ha continuado el relato, y después nos hemos dirigido a la salida, que deslumbradora, radia en la oscuridad espesa.

Santuario de Arantzazu

La Antigua se ha quedado atrás. Sin embargo, nuestro viaje por las iglesias del País Vasco no ha acabado, y tenemos que visitar todavía una más, un lugar completamente insólito. El camino se ha quedara en mi memoria por los paisajes impresionantes, detrás de la ventana del automóvil se ven los desfiladeros profundos que han cubierto el bosque, el río que pasa lejos, abajo, el paisaje majestuoso que es inútil fotografiar, la cámara no puede abarcar el grandioso panorama que se ha abierto. Ha comenzado imperceptible la lluvia, el velo de la niebla ha cubierto las montañas dándoles un significado misterioso y amenazante. Y ,a la conclusión de todo esto, el Santuario de Arantzazu, la magnificencia lúgubre, el objetivo misterioso del viaje, el edificio gigantesco negro y gris en la cima de la montaña, más que recordar a una iglesia parece el castillo de cualquier vampiro futurista. Los pasillos oscuros, la iluminación deslucida y amortiguada de las vidrieras sangrantes y doradas, el local enorme, las bóvedas se derriten en la oscuridad, todo esto debe conmover por la grandeza, pero a mí me impresión más el edificio viejo, el que se encaramaba por la pendiente casi vertical de la montaña, donde la casa que se sume despacio en la niebla, la niebla que nos rodea.

Santuario de Arantzazu

Y el camino de nuevo desierto, las vueltas vertiginosas, la oscuridad misteriosa gris de la lluvia…



¡Etxera!


Portugalete

¡Etxera! ¡A casa! Repito estas palabras pasando por delante de Bilbao y esperandome a la vuelta, Portugalete. Estos días de viaje por Euskadi para mí han sido un regalo invalorable, me han enriquecido con nuevas impresiones y conocimientos, alegrado por encuentros con personas maravillosas, y me ha permitido hacer multitud de fotografías del hermoso País Vasco. Todo esto es magnífico, pero… Pero ha llegado el tiempo de volver a casa. Mejor parece lo que se hace en casa. Para los habitantes de Donosti, es su Donostia, y para los habitantes de Portugalete, es su Portugalete. Me ha penetrado al parecer esta sensación, de una pequeña ciudad cerca de la mar, donde todo parece mejor que en otros lugares, los fuegos artificiales, las callecitas perfectas, sus jardines, donde son vecinos y amigos el abeto y la palmera, y las montañas verdes que rodean la ciudad. ¡Etxera! ¡A casa! Y aquí detrás del extraño monumento de tubos y hormigón hay un parterre, sobre el que con colores está puesta la palabra, "Portugalete"; Esto significa que el viaje por Euskadi ha acabado, y hemos regresado a casa.

Portugalete

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