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¿Euskal Herria e Éire son los herederos de la Atlántida?

Viaje a Euskal Herria. Verano de 2010

El regreso al País Vasco

 
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El regreso al País Vasco

Guipuzkoa

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Pueblo perquero de Gipuzcoa

La tarde en Zarauz

En uno de mis libros infantiles, contando sobre el País Vasco, he inventado una historia escrita donde una parte del héroe principal, un muchacho ilusionado, sueña con viajar a Euskadi...

"Hace mucho tiempo, en el principio de los tiempos, en el fin del mundo, cerca del final de la mar severa se había extendido un país, el hermoso Euskadi. Vivían en él, personas fuertes y honestas que no temían a nada en el mundo. Sabían trabajar bien y descansar con alegría, querían con infinita dulzura a su tierra milagrosa, más bonita no la había en todo el mundo.

Raton de Guetaria

Cosas muy insólitas había en ese lugar. Por ejemplo, en uno de los golfos dormitaba agazapada una isla pequeña, extraordinariamente parecida a una tortuga. Y en realidad eso era una tortuga enorme prehistórica que cierto día, hace muchos miles de años atrás, había llegado navegando a Euskadi. A la tortuga le gusto tanto el país milagroso que se había quedado allí a vivir para siempre, y fingió ser una isla para que nadie alarmase su tranquilidad somnolienta.

Los habitantes de Euskadi sabían hablar con los animales y las plantas, los árboles llegaban a sus casas para librarse de la necesidad de preparar la leña y la chámara. Para estos, quienes conocían la lengua de los nombres Verdaderos, no suponía nada convertirse en un perro o en un gato, e incluso volar por el cielo como si fuesen pájaros, o caminar durante mucho tiempo sobre las montañas verdes y los manzanales…"

Y ahora, viajando por la costa del golfo de Vizcaya, con sorpresa he descubierto que la tortuga no es la única que se encuentra aquí como "un gigante fosilizado" y se ha establecido en estas orillas. De camino a Donosti, cerca de Getaria, se encuentra una isla muy parecida a un enorme ratón que, a propósito, se llama Ratón de Getaria. El espectáculo es muy curioso cuando el sol se desliza a escondidas por el horizonte, dando un matiz dorado a "la piel" del gigante que dormita en la orilla, y nos recuerda a los viajeros que es hora de pensar en el estacionamiento nocturno.

Camino de la costa guipuzcoana

Nunca antes he tenido ocasión de oír hablar de la ciudad de Zarauz, y conocer sobre ella resultó una sorpresa agradable. He venido a caer en un balneario confortable: con una playa enorme y un malecón ancho que se extiende a lo largo de ella. Ha llegado la noche oscura del sur como decimos en Moscú, se han encendido los faroles anaranjados, multitud de personas alegres despreocupadas vierten al malecón, pasean a lo largo de la pared negra de la mar. Un muchacho se ha parado cerca de una escultura abstracta (que, a propósito sea dicho, en Euskadi hay una gran multitud), preguntando al padre que significaba. Una respuesta no es lo que le ha seguido exactamente; además pienso, que es poco probable que los autores mismos de estas composiciones abstractas, sepan auténticamente, que es precisamente lo que quieren expresar en realidad. Sí, bueno, es solo mi impresión de turista y a fin de cuentas, las esculturas simplemente extrañas, dan un colorido especial a las calles y los parques de las ciudades vascas, haciéndolas una de las líneas importantes que forman la imagen de Euskadi.

Todo es insignificante… En Zarauz estoy bien y no quiero pensar en nada, solamente ir despacio por el malecón, gozar de la atmósfera balnearia donde se han unido conjuntamente: la noche, la mar, la arena, la risa infantil y la música…

El casco viejo esta desierto, la mayoría de los ciudadanos y los turistas se encuentran a la orilla de la mar, y pasean por aquí solamente algunos transeúntes extraños. Perdidos por las callecitas antiguas nos hemos adentrado en un parque, y me he acordado de mi remoto paseo por el Bilbao de noche. El mismo pequeño estanque somnoliento, los ánades que dormitan sobre el agua, la iluminación hábil de los aljibes y el murmullo silencioso del agua, parezco haber vuelto al pasado, a los momentos felices de la vida que escapan de la inexistencia, y que se quedan a vivir por siglos calentando el alma.



Donostia

Puente de Donosti Puerta de acceso al casco viejo de Donosti

Yo siempre he estado interesada en Donostia (la Digna San Sebastián). Muchos comienzan el conocimiento del País Vasco en este balneario célebre, donde es realizado un famoso festival de cine internacional, con muchos hoteles elegantes y playas magníficas, con sus fotografías que abigarran Internet. Y habiendo conocido ya en Euskadi la Villa de Bilbao, la capital que sus habitantes nombran a veces como el centro del mundo, ahora a mí se me ha presentado la posibilidad de comparar estas dos famosas capitales vascas, entre las que siempre es notada una cierta rivalidad.

Casco viejo de Donosti

He de anotar que hasta exteriormente, la provincia vasca de Gipuzkoa, se distingue de la del Bizkaia vecino. Aquí es un poco más pequeña y próxima, sin embargo la Gipuzkoana está repleta de encanto y, probablemente, para el que ha nacido y vive en esta tierra, Bizkaia puede parecer fría y un poco altiva. Gipuzkoa no es parecida a Bizkaia, así como el corazón de Donosti no es parecido al de Bilbao. Los paralelismos no son muy concordantes, pero es posible decir, tal vez, que se diferencian entre ellos como Odesa y San Petersburgo.

Estraña arquitectura de Donosti

Donosti nos ha recibido con una gran afluencia de gente, el sol radiante y una atmósfera despreocupada de ciudad balneario. Claro en seguida nos hemos dirigido a la mar. En el pequeño embarcadero resulta haber un pequeño pueblo, como independiente de Donosti, situadas cerca del agua las cafeterías están a rebosar, y los precios, lo confieso, no animan al optimismo. Algunas personas vendén quisquillas en vasitos y otros manjares de mar, sin embargo su mercancía no tiene una especial demanda. Habiendo vagado un poco a lo largo de la orilla hemos tenido prisa por cubrirnos del bochornoso sol, en el edificio sombrío y oscuro del museo Del mar. Se ha instalado allí una exposición dedicada a la historia de la construcción de barcos y la pesca. Encontrándose, adyacente, en el mismo lugar un acuario enorme, donde viven los representantes de casi todos los tipos de peces y animales del mar, los habitantes de los océanos y los Mares.

Acuario de Donosti Acuario de Donosti

Detrás de las paredes transparentes y sobre las cabezas podíamos ver como nadaban los habitantes del mundo submarino, desdeñando a los visitantes que los examinaban. Y las personas con interés observaban a los seres extraños, admirando asombrados, y sin olvidar de chasquear los cerrojos de las cámaras fotográficas. El acuario entreabre la cortina del misterio, nos muestra la vida de las profundidades marinas, misteriosas e inaccesibles para nosotros que pisoteamos con los pies la superficie de la Tierra, como si nos llevase a otro planeta. La penumbra misteriosa del laberinto de cristal me hace reflexionar, sin quererlo, sobre lo eterno, miro a los habitantes antiguos de las profundidades marinas que habían vivido en la época de los dinosaurios, a los tiburones aterradores, y a las mantas vestidas con sus capas negras,…

Playa de La Concha de San Sebastian

Pero aquí el reino misterioso de la oscuridad y los reflejos azulados se nos queda atrás, y el sol deslumbrador, ardiente, nos ha devuelto a la realidad. La realidad se muestra dura, tenemos que pasar por la solana que encontramos a lo largo de toda la bahía de La Concha, a su final opuesto, allá, donde se encuentra el monte Igueldo. Claro que es posible aprovecharse del transporte público, pero privarse de la posibilidad de dar una vuelta por el malecón a lo largo de la famosa playa Donostiarra, no me es posible. Y nos hemos movido categóricamente hacia delante por el camino, examinando las mansiones de ostentación y el semicírculo que rodeaba la bahía. La cuesta montañosa, que ha cubierto el bosque, no quiere acercarse de ningún modo, el sol quema cada vez más fuerte, sin embargo cada viaje tiene un final. Y aquí, habiéndonos zambullido en la sombra, hemos visto que se han habituado los árboles y una casita adornada con colores, la estación del funicular.

La isla de Santa Clara de donosti La concha de San Sebastian

El vagoncito antiguo, rojo, nos ha elevado despacio a los turistas a la cima del monte Igueldo, a una plazoleta para la observación desde donde, a propósito sea dicho, son hechas la mayoría de las más conocidas fotografías de Donosti. Se abre desde arriba un cuadro magnífico y la ciudad misma, las montañas que lo encuadraban, la playa y la bahía de azul turquesa, y en el centro del paisaje entre una multitud de lanchas, dormita la tortuga famosa, la isla de Santa Clara.

Monte Igeldo de Donosti

Además de la plaza de observación, en la cima de la montaña se extendía un parque pequeño de atracciones. A primera vista en el no había nada especial, sin embargo en el lugar, donde se encuentra, transforma los entretenimientos simples en atracciones fantásticas, inolvidables. Probablemente, solo sea posible el deslizarse en una lancha por un canal estrecho, o moverse rápidamente en un vagoncito de la montaña sueca por el borde del abismo, sin cercado, sin un seguro, cuando cerca de ti la mano se extiende en el abismo y el corazón queda inmóvil por un pensamiento desastroso, te quedas cara a cara con el vasto espacio de las montañas y la mar, como si por un instante tuvieras alas…



Irún. El hotel misterioso

A Irún, situado en la frontera con Iparralde (la parte francesa del País Vasco), hemos llegado ya al anochecer, cansados, después de un día entero pasado en Donosti. Una búsqueda corta y hemos llegado, al fin, al hotel Alcázar. El lugar del próximo estacionamiento nocturno, el cual me da una impresión bastante extraña, el terreno del hotel recuerda más a un bosque espeso, y la entrada al edificio mismo, no recuerda al habitual hotel, se esconde detrás de un árbol de enorme copa. Todo esto es misterioso y extraño, recuerda a una película de suspense, o el juego de misterio de un ordenador que pasa en un hotel encantado. La especial teatralidad que nos da estas sensaciones, supongo, es por aquella circunstancia que mañana tenemos que salir por el camino de las brujas hacia zugarramurdi, el pueblecito aventado por la gloria sortílega, las leyendas y los mitos.

La admiración se ha reforzado cuando hemos entrado en el hotel, detrás de la fachada modesta se esconde el estilo creado de un tiempo antiguo: con los interiores, las escaleras de madera esculpidas, las vidrieras sobre las ventanas, el piano en el salón, el ascensor antiguo y multitud de otros adornos bien pensados que dan al hotel un encanto inconfundible. Parece, que aquí puede pasar realmente algo insólito y misterioso. Y detrás de la ventana de la habitación espaciosa, revestida con paneles de madera, se ven los dédalos presentes del bosque, donde sigiloso y ululando monótonamente se oía una ave nocturna…

Además, debo en seguida desengañar a los lectores, que en todo el tiempo de la estancia en el hotel Alcázar, no hemos encontrado fantasmas, no se han creado misterios funestos, y al contrario, nos hemos comunicado con placer con sus empleados que han demostrado ser personas amables y agradables en extremo. Además, el hotel me ha gustado tanto que hasta hemos cambiado la ruta del viaje, habiendo decidido quedarnos en él una segunda noche.



AKELARRE EN NAVARRA

El camino de las brujas. Zugarramurdi

Navarra… Hace ya mucho tiempo, en un lejano pasado era el reino vasco, y ahora es una de las provincias españolas o autonomia, no está unida con el País Vasco, es una comunidad independiente. Los tiempos se cambian, se cambia todo, y solamente las montañas se quedan tal y como antes, siguen majestuosas y lúgubres, repletas de misterios, leyendas y la memoria del pasado. Durante los viajes por Euskadi he conseguido acostumbrarme a los paisajes montañosos, los no tan altos montes verdes, casi como de casa, o las cimas que se esconden a menudo entre las nubes o al contrario iluminadas por el sol brillante; las montañas rocosas, aceradas, habituales, son parte integrante del paisaje. Sin embargo los Pirineos han destruido, en un instante, esas impresiones que se han formado antes en mí. Abrupto, cubierto por bosque impenetrables, asustan casi por la grandeza y la inaccesibilidad. El camino se levanta cada vez más arriba, por una serpentina, retorciéndose por las cuestas pedregosas, no hay alrededor ni una alma y solamente a lo lejos se ve, abajo, los valles verdes con dispersos, aquí y allí, caseríos.

Todavía alguna vuelta más, y nosotros ya estaremos cerca del objetivo. Un pequeño pueblo con algunas decenas de casas, antiguo, adornado con colores, y sus casitas. El silencio… A lo lejos las vacas, que pastan, en los prados cubiertos de un velo fácil en la montaña. El sol se ha escondido imperceptible detrás de las nubes, el cielo que se ha agrisado, que se ha enfurruñado, y da un encanto especial, triste, a este paisaje idílico. Sólo muchos coches aparcados y personas que miran a los paisajes, con las cámaras fotográficas, testimonian lo que en estas horas muertas, olvidadas por todos, el pueblo vasco llega a aturdirnos, haciendo que la curiosidad turística atraiga cada día a él muchos invitados. Es Zugarramurdi, el lugar sobre el que se han creado muchas leyendas, el lugar aventado por el misterio, el lugar del akelarre y el sortilegio.

¿De dónde ha surgido esta gloria? ¿Que ha servido de base para la hermosa leyenda?

Zugarramurdi, Navarra

Hay unos acontecimientos reales que han sucedido en zugarramurdi muchos siglos atrás, no tenían nada que ver con los cuentos de hadas. La tragedia pasó en 1610, todo comenzó con el relato de una muchacha local que afirmaba que volaba por las noches, ella relataba también cómo algunos de sus paisanos acudían a los akelarres (la fiesta de las brujas). Al principio, esa historia, trataron de que no pasara a mayores, pero el rumor sobre ella llego a oídos de la inquisición en Logroño. Comenzaron una investigación, en la que como resultado eran condenadas cincuenta tres personas, once de ellas quemadas en la hoguera. Desde entonces, Zugarramurdi, empezó a ser reproducido en la memoria colectiva como la morada de las brujas, y las milagrosas cuevas naturales se convertían, para la conciencia pública, en el lugar donde se realizaban los ritos sortílegos.

Las cuevas de las brujas se encuentran en un borde del pueblo, y a ellas conduce un camino con firme, sin tardar vemos correr un arroyo de turistas. La entrada poco brillante, y detrás de ella, a la izquierda una escalera larga de madera que baja hacia abajo por donde desciende, al fondo del desfiladero, un riachuelo. El aire caluroso, húmedo, los senderos abruptos, el escándalo de la vegetación, algunos puentes de madera sobre el arroyo cristalino, transparente, y como no las cuevas mismas, antiguas, que guardan en la memoria el pasado, los sentimientos que han sido absorbidos, el pensamiento, la fe y los sueños, las cuevas de las brujas… Nosotros vagamos por los subterráneos, que con su iluminación dorada recuerdan a los reflejos del fuego, y las sombras que se deslizaban por las paredes como fantasmas. Es difícil no creer aquí en el sortilegio, y el mundo parece alrededor irracional y extraño. No sorprende, ya que nos encontramos en Zugarramurdi, un pequeño pueblo donde apetece soñar con los milagros.

Cuevas de Zugarramurdi, Navarra

Y la realidad es devuelta por el museo, que se encuentra cerca de las cuevas, del sortilegio. Tengo prisa por desengañar a los que han pensado, como se pudiera creer, que allí son expuestos atributos de todo género, sortílegos, frascos con bebedizos, muñecos asesinos de cera, contratos firmados con sangre con el diablo y escobas automotrices como los torpedos "tierra-aire". Es necesario llamar al museo de zugarramurdi más exactamente el museo de la memoria por las víctimas de la inquisición.

Acompaña, en una atmósfera afligida, la predominación del color negro, las listas de los muertos, la instrucción con los nombres y la edad, documentos de aquella época terrible, y antes del comienzo de la excursión, una pequeña película que te hace reflexionar mucho… En ella es narrado no sólo sobre la historia de la pequeña aldea vasca, en que algunos siglos atrás eran cruelmente matados, ni sobre que las personas no eran culpables, ni sólo sobre los siglos lúgubres de la inquisición, sino que también se trasladan entre los diferentes periodos históricos, donde son hechas preguntas de las cuales que no apetece saber la respuesta.

En todos los tiempos ha habido unas "brujas" y unos cazadores que las perseguían. Siempre eran las víctimas y los verdugos, y el miedo… El miedo Vetusto que no desaparece nunca. A finales de la película es hecha la pregunta: "¿Quiénes será los siguientes en convertirse en brujas y quienes serán los cazadores?" Y sobre la mente la inquietud, y el miedo pegajoso que se desliza en el corazón. Las personas no investigan sobre los errores, todo de repente comienza de nuevo, es como un círculo cerrado, y siempre se encontrarán nuevos inquisidores que en nombre de unos objetivos persiguen y matan inocentes. La caza de brujas continúa, el humo de las hogueras no se dispersara nunca…

Eguskilore

Esto es bastante triste. No parece haber fuerzas para cambiar el mundo, podemos sólo gozar de momentos felices que caen a nuestra parte de la vida. Tales, por ejemplo, como el paseo por el pueblecito de las brujas… Aquí en Zugarramurdi por primera vez con mis ojos he visto el eguzkilore. En las leyendas vascas a esta rara flor, la dotan de propiedades mágicas. Hablan que una vez de ser arrancada, ella en diez años no pierde el color y durante tres años continuara volviéndose en pos del sol. Ella protege del sortilegio, el mal de ojo, las brujas y los vampiros. El eguzkilore se suele suspender sobre las puertas de las casas y su imagen se usan como salvaguarda. Tal flor, hecha en plata, la poseo como un regalo muy querido, la llevo en todo momento y creo que ella me acarrea la dicha. Ahora esta planta está protegida, se encuentra muy raramente, y no por mucho tiempo tendremos ocasión de verla con nuestros propios ojos. El eguzkilore me ha sorprendido por las dimensiones, la flor misma recuerda el tamaño en medidas al girasol, y las hojas se parecen a las del diente de león.

Confieso que la curiosidad no me ha dado tranquilidad, y ya después de la visita a Zugarramurdi, he buscado el nombre científico de esta planta. Ampliado ya mi conocimiento sobre ella, prefiero no escribir sobre esto y dejar que el eguzkilore se quede como la flor mágica de las leyendas vascas, y cuál es su nombre en latín, a que familia pertenece o el tipo de planta a que se refiere no tiene, en general, un significado especial.

Zugarramurdi, Navarra

A pesar de la multitud de turistas, Zugarramurdi que se compone de una población de solamente doscientos personas, es un pueblo tranquilo y silencioso, hay en todas partes pequeñas tabernas amistosas, donde es posible descansar acabado el recorrido por las cuevas de las brujas. En uno de ellos hemos hecho una corta parada antes de la partida. El cielo esta cubierto por las nubes espesas, grises, reina alrededor una armonía completa y no es posible creer que una vez, en esta tierra, perecieran personas inocentes y triunfara la hipocresía vestida con la toga de la virtud, la maldad.

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