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Cuentos

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Empecé a escribir historias místicas en mi juventud, y fueron mi primera experiencia literaria. Escribo hace muchos años, trabajaba para establecer el rumbo de mi creatividad mediante la identificación con los temas que he desarrollado en el futuro.

En mis primeros cuentos, aparte de los milagros y las transformaciones mágicas, problemas insolubles característicos del "miedo", deseo que en conjunto con los héroes de estas obras se vean a si mismo los lectores en ellos. Estas historias suelen ser temibles, atemporales y tienden a tener un final trágico. Ellas te hacen pensar. Te hacen buscar en el Abismo negro, escondido en el alma de todo ser humano. Estas historias no son digámoslo así, familiares, aunque sin ser para un público muy amplio, creo que ahora es su tiempo de ver la luz.






EL ABETO AJENO

La casa nos recibió con indiferencia, sin recordarnos en su pasado. Los viejos manzanos no estaban, su lugar lo había ocupado un desconocido elegante, un árbol blanco de mediana altura. Y la misma casa estaba reparada e irreconocible. Entramos en su vientre como, ajenos, extraños.

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EL REFLEJO

Una muchacha de diecisiete años, con los cabellos claros que salían deshilachados de debajo de la pañoleta, con los vaqueros rozados salpicados por la pintura al oleo, y cubierta por una camisa de hombre amarrada con un nudo al vientre, estaba concentrada mirando al cristal con un trozo de periódico arrugado, mirando a través de mí. Eso era mi reflejo.

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LAS NOCHES DE LUNA

Les gusta hablar en las noches de lunas silenciosas. Uno de ellos es viejo, de color gris y está siempre inmóvil, el otro siempre animado y decidido. Uno no tiene nombre y tiene la nariz rota, el que le acompaña se llama Polkan, y no posee cola. Son amigos y, aunque muy diferentes, se necesitan el uno al otro. Sin Nariz es totalmente escéptico, nada le asombra. Polkan, a veces, es demasiado entusiástico y, como parece ser, a Sin Nariz el ser tan irreflexivo le molesta, especialmente por estar enamorado de la dama del condado local, una pequeña perrita pelirroja de nombre Ardilla. ¿Será que Sin Nariz no sabe de amores, o realmente no quiere saber?

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LAS SOMBRAS

«Nuestra pequeña cocina… los rayos oblicuos del sol doran los azulejos de la pared… Inclinada sobre la mesa y cuidadosamente manejando el cuchillo, destripo cuidadosamente el gran pescado. El ojo muerto empañado del pez ha fijado los ojos en el techo. La voz de alguien me ha llamado la atención, habiendo dejado el cuchillo, he ido a la habitación. El cadáver desfigurado del pez se ha quedado solo en la mesa…»

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Rubén García

EL VIEJO DEL PUENTE

Estoy bajando por las escaleras que van a dar a la plaza de la Rantxe. Hoy me he levantado algo espeso, ando más torpe de lo normal. Parece que alguien a mi espalda tiene ganas de molestar; noto que me hablan, pero no sé qué carajo dice.

—Buenos días Andrés, ¿necesita ayuda?

—¿Me has visto pinta de anciano? El Puente es viejo pero yo todavía soy un niño de teta comparado con él. No sé qué empieza a caerme peor: si las rampas mecánicas o tú. Cuando veas a otra persona con txapela dentro de un rato en esas escaleras de Coscojales, olvídate de él, seré yo.

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"El engaño de los sentimentos"

El ENGAÑO DE LOS SENTIMIENTOS

El camino estaba desierto. No había nadie, solamente la lluvia insistente que golpeaba con fuerza el asfalto brillante como un espejo de agua. El estrepitoso y furioso aguacero había limpiado todos los sonidos. Ni se oía, ni se sentía a lo lejos ruido alguno de motor…

El cielo se vino abajo por completo, el mosaico gris había derrumbado sobre su cabeza las cortantes gotas de hielo. La lluvia hace mucho tiempo que había borrado las huellas de la sangre en su cuerpo, y no notaba el lento llorar. Olvidada por Dios y las personas, aturdida, ella se había quedado a solas con la desgracia y una carga de la responsabilidad que pesaba como el agua en su ropa, desangrándose por dos veces dentro de un coche volcado. Habiendo echado la mirada al camino desierto, ante sus ojos que se derretía en el infinito crepúsculo, se había precipitado hacia abajo por una pendiente abrupta, deslizándose sobre una incómoda alfombra de hierba mojada y dura.

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Elena Artamonova. Cuento mistico "El nacimiento de la Muñeca"

El NACIMIENTO DE LA MUÑECA

—¡¿Por qué no a mí? ¿Por qué?!

El pequeño féretro sobre la ancha mesa, como un iceberg oscuro, se elevaba en medio de la habitación. Las velas que se habían adormecido en su caminar, apenas iluminaban el espacioso local, las paredes escondían baldas de buena calidad esculpidas en roble. Sobre esos estantes estaban las muñecas. Multitud de señoritas en vestidos de encajes adornados, con los bucles rizados y las mejillas rozagantes miraban el pequeño ataúd. En sus ojos de cristal revivían las lenguas de fuego minúsculas, de las velas, que lloraban su desgracia. La mujer de cabello castaño claro, arropándose en un chal oscuro, susurraba de forma incoherente y continuada una súplica. A veces su voz se elevaba antes del grito:

—¿Por qué? Pequeña, frágil, pura, y ahora se ha escapado del cautiverio del sol… ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Vivía en pecado, por qué ella si era una santa creación inocente?

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Elena Artamonova. Cuento mistico "La muñeca"

LA MUÑECA

—¡Es ahí donde te digo!

—¡Todo mentira! Tiene un vallado alto, y detrás de ella pasados los ladrillos, allí solo vive gente peligrosa. ¡Ellos gopearán a cualquier chico que vaya a ese lugar!

—¡No, no miento! ¡No, no miento! Detrás de la cerca hay un agujero. Y después de esos ladrillos hay una historia sobre los chicos que entran. Allí tienen encuentros con fantasmas, a mí no me da miedo. ¿Habéis ido alguna vez?

—Mi madre dice que no es posible entrar en "la construcción".

—No lo conoce. Nosotros después de clase iremos Allí. ¡Entraremos!

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Elena Artamonova. Cuento mistico "Alicia"

ALICIA

En el vagón se respiraba una vida apagada. Las miradas de los pasajeros se deslizaban, irreflexivamente, por el paisaje que no ofrecía nada detrás de las ventanas polvorientas. Dos mujeres que se habían instalado una en frente de la otra, conversaban a media voz, pero una hablaba mucho y la segunda escuchaba, aunque de vez en cuando interrumpía el monólogo con algunas preguntas.

—No soporto a los que atribuyen a un animal una conducta por norma e impropia de ellos, especialmente cuando los relacionan con asuntos de brujería. Claro, los gatos son caprichosos, independientes, y no tan fieles como los perros, estos son justo como el amo quiere, en cuerpo y alma, pero el gato no se amolda a ellos a su coincidencia interesada. La gata con la persona puede estar en sus rodillas acomodada, y apacible, esta ronronea, es feliz, pruébalo, ya verás…

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Elena Artamonova. Cuento mistico "El remolino"

EL REMOLINO

—Hay sobre el río un remanso silencioso que está cubierto de juncos y nenúfares, casi no se distingue por los sauces que lo han cubierto. Allí sobre el agua dormita una pequeña lancha frágil, sin remos ni timón, balanceándose sobre el agua transparente, mientras las cabrillas menudas lamen sus bordes que se han ennegrecido. En realidad la lancha no duerme, solo espera. Espera alguna persona descabellada que se atreva a sentarse en ella… Solamente hay unos pocos locos que lo han hecho, ya que aquí todos sabemos que quien se ha sentado en esa lancha se aleja navegando de forma irrevocable, y por sus bordes no es posible abandonarla. La persona desaparece y la lancha de nuevo vuelve en silencio vacía, volviendo de tierras desconocidas, balanceándose sobre el agua y esperando, atrayendo, llamando…

La continuación...


 


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