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Elena Artamonova "Las sombras"


«Nuestra pequeña cocina… los rayos oblicuos del sol doran los azulejos de la pared… Inclinada sobre la mesa y cuidadosamente manejando el cuchillo, destripo cuidadosamente el gran pescado. El ojo muerto empañado del pez ha fijado los ojos en el techo. La voz de alguien me ha llamado la atención, habiendo dejado el cuchillo, he ido a la habitación. El cadáver desfigurado del pez se ha quedado solo en la mesa…»

«Estoy asombrada, no hay nadie ni en la habitación y ni en todo el apartamento. Me he sentado en el sofá tratando de no ensuciar en lo posible el revestimiento de felpa con las manos, sucias por la sangre de pez. La puerta se ha abierto en silencio y en la habitación el culpable se ha introducido, reptando aparece el pez muerto. No puedo moverme, gritar, estoy sobre el sofá, como pegada. Y el pez tiene prisa, tiene prisa, como puedo miro a sus ojos, a una mirada como la de un perro fiel. No me es posible esconderme de su mirada. He gritado, sin oír la voz. Está claro, es necesario con todos mis sentimientos encontrados matar al pez, cesar sus tormentos. El pez muerto mira con todo a mis ojos, tiene un hocico amable y confiado, siento mucha vergüenza por haberle llevado a tanta pena. ¡Es necesario rematar al pez, rematarlo! Y se acerca, se arrastra a mis pies. Me he contraído, como si a través de mí hubiese pasado una corriente, le siento despierto, notando en el pie el tacto de las escamas frías.»

«¡Después de tal sueño, con placer, examino hasta la última rayita del empapelado conocido con los cuadrados solares en sus paredes! Seguido he dirigido la mirada a los demás objetos. ¡En el apartamento todo está como antes: la mesa llena de cuadernos y libros, y en la ventana, detrás de ella el pequeño abedul, que se ha despertado recientemente sacando y estirando su follaje, cerca las hojas viejas de un roble con el péndulo de la vida que se va apagando… ¡Huy! Las Siete y media. Si sigo tumbada a la bartola en la cama puede, mejor casi seguro, llegaré tarde a la escuela. Apresuradamente habiéndome vestido, habiéndome peinado y habiendo metido en la bolsa los cuadernos doblados con las lecciones no aprendidas, me he arrojado sobre la cocina desayunar. ¡En el plato espera la tortilla, cuando comprenderá la abuela que no me llevo bien con los huevos! Tomo solo el té y tiro en la bolsa el paquete con los bocadillos, he mirado de pasada al espejo que se ha oscurecido y he echado a correr, más bien a saltos, por la escalera. Tengo prisa. Es necesario llegar a la escuela antes, tengo que conseguir copiar los deberes a alguien, y el asunto más urgente es ver a Alexis.»





Aquí, en el mundo de las personas, diario y racional, la llamaban "Sveta (Luz)". Pero la ironía de la desgraciada elección era sentida solamente por ella. Para el resto de la humanidad que sabía de su existencia, "Luz" era la alumna ordinaria, Svetlana del aula primera con catorce años de edad. Así pensaban las personas, por el profundo error que cometieron sus padres, y nada violaba a su beato desconocimiento. Hasta ese tiempo… la Razón de ser de "Sveta" se había despertado siete meses antes de su nacimiento, y su primer pensamiento era: «lo sé todo, todo lo puedo.» Un poco más tarde comprendía que los conocimientos solo podían abrirse a ella, si lo deseaba, pero no tenía prisa. La ignorancia la convenía a "Sveta", esto la ayudaba a evitar la terrible apertura final y, ante todo, esconderse de la suerte de su propio destino.

En el plazo fijado había visto la luz. Las horas de las reflexiones tardías, que había pasado en el confortable vientre que la albergaba, cambiaban a las extremidades de los días agitados. La infancia de "Sveta" era oscurecida por cantidad de enfermedades infantiles que para su fortaleza, podía parecer bastante extraño. Más exactamente, no podía estar enferma en su envoltura de color carne. Desde el primer instante de la existencia de "Luz" poseía un gran don, el de la curación, pero prefería pacientemente llevar los pesos de las enfermedades, deseando a través del sufrimiento concebir la naturaleza de la persona.

"Luz" crecía. Con los años su verdadero yo, se había ido a un segundo plano y no se distinguía de las personas que la rodeaban, era normal, nada remarcable en una muchacha cualquiera. Solamente en el fondo de la conciencia, en los bordes entre los sueños y la realidad, brillaba el orgullo de la habilidad para fingirse una persona, engañar al crédulo mortal, que aceptaban a "Luz" como un semejante a ellos.

Había pasado mucho tiempo desde aquel momento, cuando comenzó a visitar la escuela. Pero aquel aprendizaje no le daba ninguna nueva utilidad a "Sveta", convirtiéndola en una persona algo perezosa y poco curiosa. "Luz" no quería saber nada en general, lo menos posible. Especialmente y con gran escrupulosidad evitaba los precipicios oscuros del conocimiento humano, la adivinación, la telepatía, el sortilegio… Los evitaba, temiendo encontrar en ellos las respuestas a sus preguntas principales de su propia vida: «¿Quién soy yo? ¿Cuál es mi misión en la Tierra?» La razón y la sombra de la previsión planeaban sobre ella: si concebía aquel misterio, el pequeño y amable mundo de la muchacha simplemente se derrumbaría.

Ahora había llegado el turno de los sueños. Las escaleras infinitas, sobre las que ascendía y se levantaba, pero que por algún misterio la llevaban hacia abajo, a un subterráneo, donde contenía algo que deseaba, un fuego celeste, que presagiaba, que traía la muerte, tras él un océano real embravecido y, al final, aquellos peces. Los sueños sobre el pez muerto apuñalado en una pesadilla que no se iba. "Luz" había comprendido que el tiempo su cumplía, era hora de responder a las preguntas no hechas. Algo la obligaba a aquello.





«… el pez muerto ha trepado al sofá. Se ha colocado en las rodillas, ha sonreído como si de una boca humana se tratase, la sonrisa de Alexis…» El sueño se había roto. "Luz" estaba en la cama, y miraba por una ventana abierta, con los astros como cortinas y el disco enorme de la luna. Con un esfuerzo minúsculo de la voluntad "Sveta" se había levantado sobre la cama, tratando de empaparse del vapor de los rayos de luna.

«El fin. "Sveta" no existe ya. Bien. Fuera la envoltura. La tonta muchacha no está. Bien… Esto es bueno… Ella es cubierta por el vestido de la luz lunar. Luz, envuelta por luz. El alma de la pequeña muchacha es la gran barrera. Ahora las barreras no existen. ¿Y bien… cuál es mi verdadero nombre? No tengo nombre. Yo soy una parte más del todo. Una gota del océano. ¿El océano de la oscuridad? Que sea la oscuridad. La palabra buena es la oscuridad. La oscuridad disolverá las almas humanas. La oscuridad ha llegado, eso está bien. "Luz" es la oscuridad. Luz es la oscuridad… la oscuridad absorberá el sol. La oscuridad disolverá las almas. Triunfará. Las barreras no existen ya.»

"Luz" había bajado de la cama. Hasta ese momento nunca se había desprendido de la envoltura color carne, catorce años que le dieron el refugio a ella. Mucho, mucho tiempo para ella, la enviada del Océano de la Oscuridad, le molestaba el alma humana. Pero desde esa noche "Luz" se había regenerado, en ella no quedaba ni una gota de lo que la vinculaba a su vida anterior. Ni el amor, ni las aficiones. Esa noche había muerto la persona, se había disuelto más exactamente en la oscuridad el alma de Sveta, del aula primera, una muchacha normal, que vivía de las minúsculas alegrías y los pequeños problemas. Ahora estaba aquella que no tiene nombre, eterna, poderosa, despiadada. Y todavía, la envoltura color carne, que debía servir a la enviada del Océano de la Oscuridad como una máscara, detrás de la que esconder su terrible esencia…





«Podría usar con acierto mi propio sueño, tales pesadillas, titularlo "soñar con los misterios de Luz". ¿Y sobre la sonrisa que he inventado de alexis, suena como algo significativo… y que después? ¿Y Luz, es la conductora de la Oscuridad, pero que puertas se abrirían, debe hacer algo… más concreto? ¡Permitirá… sabe vivificar a los difuntos, y ellos… no puede ser, no, no! Esto puede solamente llamar la risa. Es demasiado trivial. Las personas normales y sin sentido no reviven sin más ni más a los muertos. Mejor crear una sombra. ¡No simples fantasmas y, a primera vista, que parezcan sombras ordinarias… las sombras de las personas que han muerto y de los objetos que han desaparecido! ¡Ahí! ¡Ese es el punto! Así, "Luz" llama a la sombra, y luego, la transforma en una persona. ¿Pero para que ella quiere la materialización de las sombras? De nuevo me lleva a algún lugar sin salida. Pero sin esto puedo pasar perfectamente, puede que solamente se necesite hacerlo una vez, una primera tentativa… la Primera sombra llamada, es como una llave, abrirá las puertas de la Oscuridad. ¡Entonces ya lo tengo! Hasta hace poco tiempo las almas eran inmortales, pero han llegado ahora las sombras y… las sombras disuelven las almas, como el ácido los cuerpos. Y en general, la tarea de "Sveta" no es la destrucción de las especies, solo separar a los humanos, su objetivo es violar la estabilidad del universo, sumir al mundo en el caos. ¡Está bien inventado! Aunque, claro, no es una idea nueva, pero da lo mismo, está bien. Rodarán sobre esto una película. ¿Y yo tendré el papel principal que…? Escribiré el guion… va no lo aceptarán. Dirán, es un chica ignorante. ¡Es necesario ir a la facultad, trabajar duro, hacer exámenes, estudiar… si el diablo cogiera todos los exámenes, especialmente los de álgebra! No es posible tampoco ser actriz sin estudiar. El guion escrito nadie lo examinará, y actuar… Solamente con mis brillantes notas, a mí ningún instituto me cogerá, eso seguro. Sí, Sveta, y ni mucho menos a mí "Luz", nada puedes y de nada sabes…»

« ¿Y si de repente en mí hay realmente una fuerza especial? No sin alguna razón habré inventado a "luz", y estos sueños son opuestos a mí vida y forma de ser, a veces la verdad suele estar escondida. Claro, no seré la encarnación de la Oscuridad, pero puede que de repente, al menos, sea un poco bruja. Una vez por la pantalla de televisión mostraban a una muchacha, que sobre las palmas colgaban cosas menudas, como pegadas. Por la televisión siempre mienten, sí, pero esa vez creí en ella por alguna razón. Comprendía por alguna razón que también puedo así. Puedo. Y Alexis, por ejemplo, nada sintió. Pero ahora lo principal, de antemano, he de saber que podré retener en la palma la mano algo como el lápiz…»

«¡Eh alto! Eh alto, Sveta. Si todo es inventado por mí, si hay por lo menos una gotita, hasta una molécula de la verdad, será necesario cambiar la historia, o al muchacho de "Sveta" llamarlo de otro modo. Ya que en mi historia él perece el primero, y esto es completamente inadmisible. Por ejemplo, pondré a otro. No soporto a Yuri Petrov. Es un plomo y un soplón. Denuncia a todos los chicos al director de estudios… Y a propósito de las sombras, mañana probaré a ver. De repente, delante aparecía la verdad, resultaba. Claro que lo del Océano de la Oscuridad, esto es al final una tontería, he probado a hacer simplemente el milagro de las manos. Como entonces, con el lápiz en la palma, la intuición me lo soplaba, ha resultado. Pero el resto mañana. "Luz" siempre llama a las sombras al mediodía.»



"Luz" se había decidido. La primera experiencia era completamente inofensiva. Todavía ayer, en la mesita, en un rincón, se encontraba un pomposo ramo de lilas. El día no había pasado al completo desde entonces, y las flores aparecieron marchitas. El sol se reflejaba ya en las centenares aristas del florero que había quedado vacío, el día lucía alegre e irreflexivo. "Luz" se había concentrado, cerrado los ojos, y presentaba la imagen pensada. Un cambio imperceptible alteraba el mundo, la ligereza del día había desaparecido, el sol no lucía atento y feliz, al instante había callado el trisado de los pájaros. En la mesa, como antes, se levantaba el florero de cristal, pero su sombra en la pared se convertía en otra. Sobre el empapelado amarillento se dibujaba claramente la silueta estrafalaria de los colores. La lila marchita había desaparecido, y en su sombra continuaba viva. ¡Todo había resultado! Consiguió de la sombra tentada, indistinguible, el vivo de las flores. Era difícil, pero lo logró.

"Luz" arrancaba las flores regeneradas de la sombra del florero y las echaba por la ventana. Sobre el alma notaba la maldad, una confirmación tan real de su propia potencia que la espantaba. Pero ella no quería retroceder. Tenía que conocer las fronteras de sus posibilidades. "Luz" había decidido continuar con sus experiencias, pero ya no en casa y tampoco sobre las plantas.

El día anterior, de camino a la escuela, la atención de "Sveta" fue atraída por los restos de una paloma comida por una gata, que se revolcaban sobre un montón de las hojas caídas del año pasado, al final alejada del patio. La imagen había desaparecido al instante de la memoria, pero ahora, en el tiempo justo, aparecía de nuevo ante "Sveta". Habiendo salido de casa, la muchacha se apresuraba a la cerca del jardín de infancia, donde yacía la desgraciada paloma. Los lamentables huesos minúsculos, las plumas con los pegotes de la carne, que se había puesto parda, estaban como antes sobre la solana. Las primeras moscas zumbaban asiduas sobre ella. El esfuerzo que se había hecho ya tan habitual como la la voluntad de "Luz" presentaba mentalmente al pájaro, y de nuevo se creaba una sombra. La sombra de un pájaro vivo. Aparecía despacio, con torpeza, como si picoteara granos de comida. La sombra vivía. A "Luz" la encadenaba el horror, quería dejarlo y olvidar todo. El pájaro no existente aleteó y voló. Su sombra real se deslizaba por la tierra y se ha agitaba hacía un lado. Pasaba de nuevo, por última vez, cerca de la pared de la casa vecina y desaparecía…

La esencia humana de "Sveta" se sublevaba. ¿Qué había pasado? No podía ser, simplemente. Era sin embargo sencillo, ese milagro era creado por ella. Tal horror podía haber acabado con su vida. Pero algo terrible, omnipotente y absoluto, que estaba agazapado en el fondo del corazón probaba la satisfacción. Ahora "Luz" sabía el objetivo. O pensaba que lo sabía…



«¡Se acabó! ¡Estoy harta! ¡Es hora de acabar con todo esto! ¡Me estoy portando como si me acabaran de engañar! Hasta me siento ridícula… los cuentos son solo cuentos, y en la vida real todo ocurre aproximadamente así: no he ido a la clase de cultura física, apenas he conseguido regresar a casa a la mediodía y tenía prisa, así que penosamente me he golpeado con el codo sobre la puerta, después tranquilamente a la vuelta, tratando de no despertar a la abuela, he entrado en la habitación y me he preparado… Me da vergüenza confesarlo, pero tengo miedo.»

El florero radiaba sobre la mesita de la habitación y brillaban las centenares de aristas. Habiéndose preparado "Sveta" se concentraba. «Me he concentrado como nunca, he abierto después los ojos. De nuevo me he esforzado… intentándolo con todas las ganas. Unos círculos se han puesto a flotar ante mis ojos, me duele la cabeza. En un instante me parece, como si viera claramente la sombra del ramo, pero sólo parte y alrededor de un segundo…»

«Estoy alterada y no he vuelto a la escuela, me he chuleado las últimas dos lecciones. Ahora estoy sobre un banco cerca del columpio y pienso en cuáles serán los próximos disgustos. Mañana me preguntarán sobre mi ausencia "de clase", hablando con finura, no quiero decir nada. ¡Mi autosugestión tiene una gran fuerza, ya que casi he creído que puedo llamar a esas sombras! ¡Es necesario erradicar este desconcierto de mi propia cabeza! ¡Todo, se hace más grande, se me va de las manos, las historias que invento me pueden! ¡Basta! No existe ni las sombras, ni "Sveta", soy simplemente Luz y, a decir verdad, no siempre inteligente…»





Viéndose como una fracasada, Luz se fue apartando poco a poco del mundo de las fantasías irreales. "La materialización de las sombras y la infracción de la estabilidad del universo", la magia, el espiritismo, "las numerosas películas de suspense" eran desalojadas de la cabeza por problemas considerablemente más reales e importantes:

En primer lugar, la desmemoriada Luz se había enamorado de Alexis.

En segundo lugar, con inminencia se vería patinando por el hielo, se aproximaban los exámenes, el de física y su odiada álgebra.

En tercer lugar… pensó: «las dos primeras causas son suficientes para olvidarse por completo de las sombras, y la "Luz"».



Mientras tanto, en la ciudad, había comenzado la preocupación sobre las personas que desaparecían de forma misteriosa. Maravillaba no el hecho mismo de la desaparición, si no, en qué circunstancias y como pasaba. El despropósito más grande se encontraba en la historia sobre cierto ciudadano, que ante los ojos de su propia mujer y dos hijas mayores de edad, había entrado en el cuarto de baño y luego desaparecía sin dejar huella detrás de la puerta. Se puntualizó también, que todas esas historias misteriosas pasaban, como regla general, alrededor del mediodía, en medio de la bonita y serena primavera. El pánico no había alarmado a la ciudad sólo porque los cuentos de los periodicuchos, sobre los magos, los vampiros, las personas con dotes extrasensoriales, y los ovnis no convencían a nadie, con algo de seriedad, sobre historias semejantes. En el fondo, sobre los mensajes de aquellos montajes numerosos y crueles que de vez en cuando conmovían a la ciudad, las desapariciones silenciosas y exangües de los ciudadanos imperceptibles interesaban a poca gente, y si entraban en los boletines de los sucesos del día era sólo por la ausencia temporal de crímenes más impactantes.

La vida seguía su orden mesurado. Nadie sabía que la primera sombra llamada había abierto irrevocablemente las puertas de la Oscuridad.





Epílogo

Había llegado, al fin, aquel día festivo esperado durante mucho tiempo. Hoy debía tener lugar la cita, una real, con Sveta. Antes Alexis casi cada día la acompañaba de la escuela a casa, y en la escuela estaban a un pupitre de distancia, pero esta era realmente la primera cita. Él habría comprado flores y esperaría a la muchacha en el banco del parque. Y entonces aparecería Luz, sin su bolsa con los cuadernos, misteriosa, hermosa, adulta. Y no comenzarían a hablar sobre los problemas de clase, los maestros, los exámenes. ¿Acaso sobre tales futesas hablaban los enamorados? ¿Entonces sobre que lo harían? Alexis poseía una pobre temática para la conversación, aunque sentía que ese día todo pasaría de otro modo. Aparecería renacido, desconocido, mientras, las palabras y la mirada de Svetlana serían otras, en absoluto aquellas que se decían o veían cerca de la pizarra… Alexis pasó toda la noche sin dormir, pensando en su próximo y asombroso encuentro, feliz.

Toda la habitación se inundó con el sol. El día no era primaveralmente caluroso. A Alexis le pareció, así como el sol y el pájaro, que el cielo detrás de la ventana se alegraba junto con él. Él andaba por la habitación, no sabía muy bien por que trasladaba las cosas que encontraba a mano a otros lugares. «Demasiado temprano, es necesario esperar por lo menos media hora antes de salir de casa. De otro modo, en ese tiempo que espero a Luz, las flores pueden marchitarse». El tiempo se alargaba dolorosamente durante una eternidad, las agujas iban demasiado despacio, se arrastraban lentamente hacia las cifras correctas. «¡Ya está! Ahora ya me puedo ir». ¡Alexis marchaba impetuoso hacía la puerta, se paraba, él se olvidaba coger el dinero! «Estoy torpe. ¡Estaría bien que fuera sin un rublo en el bolsillo!»

Alexis abrió el cajón del escritorio, detrás de su espalda se deslizaba la sombra de alguien. Se había parado, se quedada inmóvil, se agazapaba en un rincón casi indiscernible. Solamente una sombra, sin el que pudiera notarla. Alexis se metió el dinero en el bolsillo del pecho de la cazadora rápidamente y se alejó de la mesa. La sombra salía de la esquina y como una mancha de tinta negra quedaba inmóvil cerca de sus pies. Alexis asombrado se paraba, tardaba en reaccionar, se inclinaba sobre ella. La sombra se movía ágilmente a un lado. Alexis miraba, examina la habitación, pero no veía a nadie y sin haber descubierto nada, de nuevo se acerca a "la mancha de tinta" negra. La sombra saltaba de nuevo a un lado. Durante algunos minutos continuó aquel extraño juego, la extraña persecución, de nadie era la sombra, a nada pertenecía.

La sombra se movía bajo la otomana y allí, no distinguible en la penumbra, se escondía. De repente Alexis recordó sobre un siniestro que hace poco le parecía ridículo, solo un rumor. En la clase hablaban sobre fantasmas mortales que perseguían a las personas. Sobre ello hasta escribían en el periódico. «¿De verdad esto es real?»

No ya con la sorpresa, sino con el susto, Alexis miraba por todas partes. En casa estaba solamente él, pero además estaba la "mancha de tinta", terriblemente negra. Alexis cogía el ramo y salía del apartamento, cerrando bruscamente la puerta. Mientras el joven bajaba por la escalera, sus miedos se dispersaban. "Quien sabe que puede ser… Probable, todo esto está vinculado con la iluminación demasiado brillante en el apartamento, con las paredes tan claras el sol me ha deslumbrado, y he aquí una mancha negra ante los ojos". Alexis se había acostumbrado a dar a cada fenómeno una argumentación lógica y científica. Él no creía en los milagros.

Y de nuevo orientaba todos sus pensamientos hacía Luz.



La mancha de tinta negra iba despacio hacía la puerta. La sombra no tenía prisa, ninguna víctima había podido escapar de ella. El grumo de la oscuridad, tranquilo, perseguía a Alexis y, esperando el momento oportuno para apoderarse de él, se reunía imperceptible con su sombra. Nada terrible pasaba, el joven continúa rápidamente hacia delante, tenía prisa en llegar a su primera cita.

La calle estaba desierta. El calor sofocante había expulsado hasta a las ancianas, a diario salían de sus puestos, cerca de la entrada. Ni una persona en el patio. A Alexis de nuevo le cubría esa sensación terrible. Entonces ante él aparecía la sombra, enorme, como el carbón más negro, le recordaba lejanamente, por los contornos, a una persona. Alexis gritaba, echaba a correr, pero resultaba que la confusión le hacía entrar en un callejón sin salida, entre garajes y una cerca. La sombra se acercaba lentamente. Como si bromeara, cubría solo una parte a la víctima asustada. Con horror Alexis se quedaba pasmado, miraba absurdamente la mano que se derretía ante sus ojos. Ahí solamente quedaba una sombra de ella, la muerte negra avanzaba al codo, más arriba, más alto… Él se lanzaba a un lado, gritaba desesperadamente, luchaba con fuerza… En un instante a Alexis le pareció ver los ojos negros sin fondo del fantasma que se habían clavado en su alma…

La sombra del joven se precipitaba por la pared con una desigualdad blanquecina, se volvía más y más clara, y cerca de ella sobre el asfalto se esparcía la mancha grande, negra. La sombra espesa, opaca, se había alargado, se parecía a una serpiente y poco tiempo después desaparecía.

Luz había esperado en el banco unos veinte minutos y enojada, ofendida por Alexis, se iba a casa, habiendo jurado no volver a encontrarse con él. No sabía lo cerca que andaba, del juramento realizado, su ira contenida. Para cuando Luz, irritada, se había levantado del banco Alexis, casi hacía una hora, había dejado de existir en este mundo y, no sólo eso… la Oscuridad había absorbido una nueva luz de un alma humana.

Las sombras reorganizaban la ciudad…

 

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