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¿Euskal Herria e Éire son los herederos de la Atlántida?

Viaje a Euskal Herria. Verano de 2010

El regreso al País Vasco

 

Viaje a Euskal Herria

Verano de 2010

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Parte 1   Parte 2


La insólita Euskadi


¡Se ha cumplido! He cumplido Al fin mi sueño remoto y he visto Euskadi con mis propios ojos, he visitado aquellos lugares que anhelaba con toda mi alma, he conocido mejor a las personas que viven allí, mirando su vida desde dentro no como una turista ociosa, como una persona a quien le gusta y considera importante todo lo que está vinculado a este pequeño, pero hermoso rincón de la tierra.

Las notas publicadas más abajo, no pretenden desempeñar el papel de un informe detallado del viajero que abigarra con nombres exóticos, nombres ilustres y sus fechas exactas, un informe donde escrupulosamente se describen todas las curiosidades locales y otras "Informaciones turística de utilidad". Mis notas, solamente son el testimonio de mis impresiones, mis pequeñas emociones, lo que mis sentimientos consiguieron fijar sobre el papel y en la matriz de la cámara fotográfica, los ecos de mi corazón que llegaban a ahogarme.

Por delante del relato diré que Euskadi fue benévolo habiéndome recibido con un tiempo magnífico, aparte de algunos inesperados aguaceros fríos a mediados de julio y cuarenta grados de calor sofocante que desgarraban en ese momento Bizkaia, que a mí me sobrepasaban. Por eso mis recuerdos de esta tierra hermosa son atravesados por el fresco de la brisa marítima y los cariñosos rayos del sol que atravesaban fácilmente las nubes.

Pero todo por un orden…



El encuentro



Recibimiento de Elena Artamonova

El viaje ha comenzado en el aeropuerto de Barcelona, con mi vuelo que se ha convertido en el punto de partida de mi sueño. Anotaré que la forma más rápida, simple, y por extraño que parezca, el modo más barato de llegar al lejano Euskadi es el avión. Cada día de los aeropuertos de Madrid y Barcelona se realiza vuelos a Bilbao y las otras capitales vascas, y todo a una hora de vuelo para poder alcanzar "el fin del mundo" y como por arte de magia encontrar las orillas del Cantábrico.

Al fin despego, y aquel aeropuerto grande y torpe de Barcelona ha quedado lejos, abajo, y de nuevo bajo el ala del avión se ha extendido lo desconocido, es como tener en la palma de mi mano el mundo, el Mediterráneo azul lleno de barquitos, los Pirineos de juguete, los pequeños espejos de bolsillo las cisternas de agua, los hilos los caminos y los abalorios el territorio de las ciudades cubiertas con un velo suave,… vuelo a Bilbao.

El tren de aterrizaje ha tocado la tierra de Euskadi. No recuerdo en que pensaba durante esos minutos, debía ser que me había sometido a la agitación general de los pasajeros, pero ahí, en el aeropuerto con el tierno nombre de "La Paloma" en Loiu, había de pasar un acontecimiento que se estamparía para siempre en mi memoria.

El encuentro… me recibieron así: como reciben en el País Vasco a los huéspedes muy esperados, salía con los sentimientos a flor de piel, con la dulce emoción al extremo de la locura, me ahogaba con la melodía del txistu y el recibimiento del aurresku de un dantzari, era para mí imposible imaginar aquel recibimiento, ni en mis mejores sueños. El corazón me quemaba con el fuego de un amor doloroso y desesperado por esa tierra que se había unido a mi como una onda fría de felicidad infinita, las lágrimas cubrían mi mirada y me era difícil creer que eso pasara realmente conmigo, que fuera realidad.

Bilbao. Las primeras impresiones


Bilbao desde el monte Artxanda

Las primeras horas pasadas en la ciudad desconocida fueron un plazo demasiado corto para su conocimiento total, sin embargo esas impresiones, brillantes, imparciales, que entran en el alma junto con el aire que respiras, junto con las imágenes que se han estampado sobre la retina del ojo, son las más importante, las que quedan en la memoria.

Casco Viejo de Bilbao Tienda de souvenirs de Bilbao

Y allí iba por las calles pavimentadas con las baldosas de Bilbao: "Estas baldosas pequeñas son oscuras, grises y cuadradas, con su ornamento característico de cinco anillos que se cruzan entre ellos, una de las señas de identidad de la ciudad que hacen de ella que se parezca poco a otras. Un rasgo más de Bilbao es la combinación orgánica y estructural entre lo nuevo y lo viejo; las casas antiguas adornadas con una decoración original y clásica se mezclan con los edificios de cristal y hormigón, con formas que sorprenden por la singularidad y la originalidad de las decisiones arquitectónicas. Es posible que en algún sitio, en otro lugar, esta mezcla de estilos pueda parecer demasiado valiente, pero aquí, en Bilbao, pasado y futuro se alean conjuntamente reflejando la mentalidad de las personas que han construido esta ciudad.

Edificio de nueva creación de Bilbao La iglesia de Begoña, la amatxu

Confieso honestamente que a mí me creaba bastante frialdad las extravagancias arquitectónicas, pero ahí, aquel estilo original no me dejaba indiferente. Ha quedado en mí memoria especialmente el centro comercial instalado detrás de las paredes de un edificio antiguo y conocido como "La Alhóndiga". Las ventanas, aspilleras, estrechas, los grabados que cubre las paredes de piedra oscurecidos; y dentro, un espacio enorme donde pasear entre columnas originales, entre las que no hay dos igual, cuelga gigantesco, rojo, escarlata, con sus protuberancias, el sol …

La Alhóndiga de Bilbao

Las calles de Bilbao, el área, los bulevares, los pequeños parques limpios y cuidados, adornados con la omnipresente petunia que ha invadido toda Europa; la mezcla variada de los estilos arquitectónicos, las composiciones un poco extrañas, esculturales, multitud de perros y perrillos (habitualmente el Yorkshire y los bulldogs franceses) que andan al lado, ceremoniosamente, de sus amos que pasean por las callejuelas, la cantidad innumerable de cafeterías y bares tan amigables… Hay por todas partes extranjeros, gente de color, personas procedentes de América Latina o los países musulmanes, y de vez en cuando en este flujo abigarrado internacional, una corriente suave por la calzada gris de la ciudad me hace oír el habla rusa.

Parque de doña Casilda en Bilbao Casco Viejo de Bilbao

La ciudad es populosa y plena de vida, el metro, al contrario que en Moscú, es desierto y silencioso. Riguroso, cumpliendo con un estilo, gris con rojo en todas las estaciones, los vagones con las ventanas anchas, para entrar y salir es necesario presionar un botón en la puerta con una luz que se ilumina, cuando el metro llega la iluminación de la luz es mayor, aumenta, para mí es un cuadro desacostumbrado que le distingue así del torbellino del subterráneo de Moscú.

Modernismo y clasicismo en Bilbao Edificio Diputación en Bilbao

La zona antigua (Casco Viejo), es el corazón de cada pueblo o villa, donde se encuentran los turistas siempre las mismas petunias, las casas viejas con balcones y las barandillas forjadas en hierro, las tiendas de recuerdos, las cafeterías, y los bares. Se elevan aquí las iglesias majestuosas donde habita el fresco eterno, recordadas por los crepúsculos y las sombras del pasado, se encuentra aquí en el casco viejo uno de los muchos frontones para los juegos de La Pelota y La Pala, juegos antiguos, de muchos años, que se ha hecho una de las tarjetas de visita del País Vasco. Y todavía aun en el centro del Bilbao han quedado para la memoria sus puentes antiguos, poco parecidos entre ellos, que unen las orillas tranquilas de una ría que lleva, las aguas suavemente del rio a la mar…

Casco viejo de Bilbao Casco VIejo de Bilbao

La ciudad vieja tiene su encanto pero la sensación de la saturación, donde la vida pletórica saca sus fuerzas, es cuando ves los alrededores de Bilbao; los pueblos con grandes industrias, los pueblos de los trabajadores, el puerto donde se estrechan todas las vías, donde hierve el trabajo, donde no hay lugar para la ociosidad y el aburrimiento somnoliento, los pueblos cargados de recuerdos sobre el pasado, los pueblos antiguos. La fuerza, la seguridad en sí mismos, la autosuficiencia, tales definiciones surgen en el cerebro al ver el nudo apretado al final de los caminos y los puentes, las cintas plateadas de las carreteras que han envuelto Bilbao, las fábricas, el puerto enorme que se ha extendido por kilómetros y que da la vida a este pueblo dirigido hacia el futuro, pero que no olvida sus raíces; fuerte, alegre y seguro de él. Se cumple el tiempo de mi primer encuentro con Bilbao, y él se queda tal cual en mi corazón.

Ferry abandonando el puerto de Bilbao


Los reflejos y las sombras del Bilbao de noche

La noche. La ciudad como si se hubiera extinguido ante el comienzo de una nueva semana, se encontraba desierta, ni un alma en las calles, como si no hubiera habido nunca flujo humano que invadiera las calles. Nadie, silencio, silencio, solamente el ruido de los zapatos al caminar por la calzada. Sí, era audible a lo lejos la voz tardía de algunos farristas, la que salía por la garganta en forma de canto, la cancioneta "Maite zaitut, Maite, Maite zaitut…", turbando la tranquilidad del Bilbao que está dormido.

Puente de Bilbao

Las orillas, encadenadas por el granito del río que han perdido las líneas de la realidad, se han convertido en un paisaje fantástico tejido de luces y sombras. Los fuegos dorados y plateados de los faroles, los reflejos que centellean en negro sobre las tranquilas aguas, los puentes hábilmente iluminados se vuelven imaginativos, las sombras espesas agazapadas bajo las coronas de los árboles y que crecen a lo largo del malecón,… Un transeúnte Solitario, pensativo, aparece en medio del césped, hechizado por la belleza fantástica de la ciudad que ha dormido. El hombre de la chaqueta desmañada esta inmóvil, y solamente habiéndome acercado, me deja claro que él nunca saldrá de este lugar; los reflejos apenas distintivos dorados se acuestan sobre el bronce oscuro de la escultura, abriendo el secreto del desconocido extraño. El milagro no pasara, por el día la muchedumbre y en el silencio la noche desierta, pero el transeúnte de bronce continuara estando en el pradejón verde, pensando en algo, contemplando invariable las mil formas de la ciudad.

Centro de Bilbao

El paseo por el malecón embrujaba, el cuento de la noche continua, algunos pasos más y ha surgido delante una estructura fantástica, parecida a un nenúfar gigantesco, plateado, dormita en el borde de las aguas de la ría tranquila. Este edificio, el Museo del arte moderno, el "Guggenheim", hace no mucho se convertía en la tarjeta de visita de Bilbao, antes de llegar y observandolo en las fotografías no me creaba una impresión especial y parecía, al contrario, demasiado rebuscado, que no se integraba en un paisaje arquitectónico tan curioso, que violaba el estilo general de la construcción de la ciudad.

Guggenheim de Bilbao

Pero la noche hechicera ha tocado con el bastón mágico las paredes plateadas del museo, siendo la mirada de este símbolo el Bilbao mismo, porque nadie podría reproducir en una fotografía, el espejismo fácil, aéreo, maravilloso, modelado con la luz, que transforma el vapor sobre el agua, haciendo que no pertenezca a nuestra realidad.

Parque de doña Casilda

El golpear de los tacones por la calzada… Los tejidos de la luz y las sombras sobre el malecón se han quedado detrás, y he entrado bajo el techo del parque antiguo de Doña Casilda. El césped esmeralda iluminado por los faroles, el ornamento romántico que se separa en el fondo del cielo oscuro de la noche; apenas audible se oye chisporrotear el sistema de irrigación que rocía el agua sobre los céspedes perfectos. La tranquilidad y el silencio. El parque está casi desierto, solamente hay de vez en cuando sobre las avenidas algunas parejas de enamorados. Además, el paseo de noche por el parque hace no sólo aparecer a las personas romanticas. Los habitantes de los estanques, los ánades regulares y otros pájaros que viven en el lugar aparecen inmediatamente, tranquilos, algunos sobre las plataformas especiales cerca de la pequeña laguna, otros se pasean ceremoniosamente por el parque, torpes, balanceándose, a veces uno solo y a veces en compañía, comunicándose de vez en cuando con frases cortas en la misteriosa lengua de los pájaros.

Parque de doña Casilda

El malecón, el parque, las calles desiertas que se han sumido en la somnolencia con las casas, el silencio… La magia de la noche ha transformado al Bilbao que duerme, pero ya algunas horas antes, algunos habitantes, esperaban la preocupación del nuevo día. Me era necesario conseguir más tiempo, seguir ese sueño que ya a la luz del sol deseaba continuar, y así ampliar mi conocimiento de la ciudad asombrosa a la orilla del mar.



Guggenheim



Guggenheim de Bilbao

Confieso honestamente no comprender el arte moderno. Probablemente, mis pensamientos están demasiado pasados de moda sobre lo que debe ser el arte en general, pero aceptar sin el corazón algo abstracto y dado ahora como obras maestras del nuevo siglo, no puedo. Con todo, a pesar del escepticismo resistente, desdeñar el museo Guggenheim no estaba en mi mente y me decidía a examinar esa curiosidad de Bilbao, no sólo por fuera sino también por dentro.

Guggenheim de Bilbao, Pupi Araña en el Guggenheim de Bilbao

Cerca de la entrada del museo los invitados se encuentran a Pupi, el gigantesco perro cuya piel se compone de flores vivas, el favorito de los niños y no tan niños, que atrae los objetivos de las cámaras fotográficas de los turistas que pasean alrededor del museo. Sin haber olvidado fotografiarme con Pupi y con mi compañero de viaje, hemos pasado al espacioso vestíbulo del templo del arte moderno.

Cuadro del Guggenhein de Bilbao

Las estatuas altas, de muchos metros, rudamente desbastadas, y en las que se sienten las formas de la Venus de Milo, advierten honestamente sobre lo que puede esperar y ver el visitante en los pisos del museo. Las composiciones colgadas por las paredes de los índices herrumbrosos del camino y la chatarra, los montones gigantescos de los corazones de yeso, y otras "obras maestras". Como ejemplo, un lienzo, ensuciado por un tinte negro que grita con fuerza estoy inacabado, parecido a "Un cuadrado Negro" de Malevich, y que solo me llama a la sonrisa sin haber despertado el amor en mí al arte moderno. Sin embargo algunas instalaciones han dejado en mi alma recuerdos felices.

Exposición en el Guggenheim de Bilbao Arte en el exterior del Guggenheim de Bilbao

En el vestíbulo, muy cerca de la Venus moderna, chorrea en silencio la cascada de las palabras llenando el espacio oscuro con una luz misteriosa. Las letras escarlatas y azules, que flamean, caén por los luminosos estrechos y desaparecen tocando el suelo de mármol. Las palabras rojas en castellano, azules en euskera. El texto del poema se repite de nuevo y de nuevo, como una súplica a la comprensión: "te encuentro, te aspiro, hablo, sonrío, toco tus cabellos, tú eres creada para mí, tú eres una parte de mí…".

Obra permanente del museo Guggenheim de Bilbao

Es posible quedarse durante mucho tiempo, sobre un banquillo, contemplando esta cascada silenciosa e hipnótica, renunciado a la realidad y sin pensar en nada más… O reírse pasando de largo por los espejos deformantes, como si hubiera caído en una habitación de la risa en cualquier parque provincial de atracciones, o vagar por los laberintos de espirales metálicos, adivinando que te espera por delante…

Arte en el exterior del Guggenheim de Bilbao

A propósito, sobre estas espirales gigantescas en las que se ha establecido el eco, me apetece hablar especialmente de ellas, ya que nos han regalado unos minutos de alegría completa, alegría infantil. Al principio íbamos en completo silencio, sin saber que sorpresas encubre la instalación, pero han comenzado a descubrirnos poco a poco su secreto y su destino. En algún sitio alguien aplaude reflejándose el eco sonoro, en otros sitio al contrario suena apagado y silencioso, en unos lugares el viaje se acaba en un callejón sin salida, y por el contrario en otros el paso encorvado del laberinto te sacaba de nuevo, todos con diferentes formas, con espirales imposibles.

Espirales en el Guggenheim de Bilbao

El silencio es roto. Y aquí ya la tranquilidad de la enorme sala es violada por el ritmo loco del taconeo y las risas fuertes, repetidamente reforzadas por el eco resonante del laberinto. Y después me ha parecido oír de lejos, funesta, la melodía de la película "Matar a Bill" que alguien silba en el fondo del laberinto. Poco tiempo después esta claro quien silba, una mulata joven, una visitante más, del extraño museo, que gira por los pasos estrechos de las espirales, pero este silbido se ha insertado tanto en el ambiente, en la atmósfera que se ha creado, que parecía fuese pensado desde un principio por los creadores del laberinto.

Realidad en el Guggenheim de Bilbao

La excursión acaba, y como aclaración, el monstruo que por nombre lleva "arte moderno" no lo encuentro ya tan terrible, y su secreto principal consiste en que con una sonrisa se percibe todo mucho mejor que con el miedo. Todo lo que nos rodea a nosotros es solamente un juego, y solamente la instalación nos puede devolver a la realidad; haciéndonos acordar de este mundo en el que vivimos con los pedazos deshechos de una carne postiza en un rincón, junto a la pared, y la charca de sangre que se ha derramado cerca de un cañón. La realidad nos alcanza por todas partes y en un instante esta claro que de ella no es posible esconderse, hasta en el mundo cambiado y vuelto del revés por el arte moderno.



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